CRÓNICA DESTACADA

Noticia destacada

DOMÉNICA CROSE, ORGULLO DE MOQUEGUA: DE LA ADVERSIDAD A LA GLORIA NACIONAL EN EL ATLETISMO

Desde muy pequeña, Doménica Crose ya corría tras un sueño. Su historia comenzó en las gradas del estadio de Ilo, observando cómo sus hermanos entrenaban. Sin darse cuenta, imitarlos se convirtió en hábito, y ese juego infantil pronto se transformó en vocación. A los 6 o 7 años, Doménica empezó a entrenar de manera recreativa, impulsada por el deseo de igualar e incluso superar los logros de sus referentes más cercanos: sus propios hermanos

Crecer y entrenar en Ilo nunca fue fácil. La escasa infraestructura deportiva, los campos improvisados y la falta de entrenadores especializados marcaron sus inicios. En más de una ocasión, sufrió caídas y lesiones por entrenar en espacios inadecuados. Pero allí, entre los vientos fuertes del litoral y el sol costeño, forjó una de sus virtudes más grandes: la resiliencia. Doménica no solo corría contra el cronómetro; corría contra las limitaciones de una ciudad que no siempre estuvo preparada para formar campeones, pero que sí supo acompañarla con orgullo en cada zancada.

Su mayor sostén ha sido la familia. Sus padres no solo cubrieron los gastos de cada competencia, también sostuvieron sus emociones en los momentos más duros. Su hermano Giorgio, además de compartirle entrenamientos y consejos, ha sido guía constante. El esfuerzo familiar fue total hasta que, recientemente, Doménica recibió el respaldo del Fondo Regional de Apoyo Económico y Social del Gobierno Regional de Moquegua. Ese apoyo institucional llegó como un respiro en medio de la carrera.

El día en que cruzó la meta y supo que era campeona nacional, todo su recorrido —los sacrificios, las dudas, las madrugadas de entrenamiento, los deberes escolares hechos a contrarreloj— se condensó en una emoción incontenible. Pensó en sus padres, en su abuelo fallecido, en su propio valor para no rendirse nunca. Aquella victoria no era solo suya; era de Ilo, de cada joven que sueña desde una provincia pequeña.

Hoy, Doménica apunta a más: quiere una medalla en el Iberoamericano, quiere seguir creciendo, quiere que su nombre y el de su ciudad sigan siendo sinónimo de esfuerzo y constancia. Y desde la pista, lo dice sin titubeos: los sueños no entienden de geografía, pero sí de voluntad.